LA HORA DE CUBA HA LLEGADO
Y ayer bien puede haber sido el día que de inicio a una política frontal contra el gobierno de la revolución en Cuba. Ya no se vería más gente pobre en las calles, todos los habitantes de la isla tendrían acceso a una educación digna y a un desarrollo sostenido. Al menos es lo que percibí entre líneas cuando escuché el discurso de George W. Bush anoche en los noticieros. Así es, ayer quedé sorprendido –no sé si debo decir gratamente- con el tono y con las palabras del mandatario norteamericano sobre la no aceptación de ninguna forma de diálogo con la nueva tiranía refiriéndose con bastante claridad a la transición que se pretende hacer en la isla en la que el gobierno quedaría en manos de Raúl Castro, hermano del desgastado Fidel. De momento y en el papel ya es así, pero para nadie es un misterio que la última palabra en las decisiones cubanas la sigue teniendo Fidel aun convaleciente y con la salud bastante maltrecha. Bush también dijo que su gobierno no iba a participar en ninguna iniciativa que suponga darle algún tipo de oxígeno al régimen cubano para que siga maltratando a su pueblo lo que hace indicar que Bush no pretende ni siquiera mandar a algún representante del gobierno norteamericano a participar en las actividades internacionales en las que Cuba tome parte. Esto, de concretarse, sería un precedente importante y a la vez un mensaje bastante claro para los otros gobiernos mundiales, sería una forma de decirles “están a favor del gobierno de los Estados Unidos o están en contra” sin dejar posibilidad de un término medio o siquiera de la indiferencia con que muchos países ven el caso cubano.
En otro de los momentos de la disertación de Bush, el clímax pareció ser alcanzado de forma moderada cuando el mandatario norteamericano sostuvo que había llegado la hora de apoyar a los cubanos que desean un régimen democrático y de brindar ayuda al nuevo movimiento democrático que estaba surgiendo en la isla. Esta parte de su discurso si me pareció un tanto antojadiza y hasta manipuladora pues tal movimiento no se percibe con claridad en la comunidad mundial, quizá puede ser cierto, pero en todo caso no amerita una intervención norteamericana como la que parece avecinarse. No es algo tan palpable como la carrera armamentista o el desarrollo de armas nucleares de algunos estados de medio oriente, o las sospechas de financiamiento de grupos terroristas por parte de ciertos gobiernos en los que el gobierno de los Estados Unidos ha intervenido con frescura y de manera más que sustancial. Es más, me parece que ya de por sí, George Bush atravesó hace rato la barrera democrática al intervenir directamente sobre la política de otros gobiernos y sea de palabra u obra. Sin embargo con Cuba había sido distinto y como que Bush tenía cierta precaución en cuanto al tema de una intervención directa como es su estilo. Se había limitado a unas cuantas promesas vacías durante los años anteriores o simplemente a dar asilo a los refugiados que lograran llegar por sus propios medios a La Florida, sorteando autoridades y tiburones, aun cuando la represión en la frontera mexicana sea la otra cara de la moneda. Ahora la estrategia ha cambiado y George W. Bush ha propuesto, incluso, la creación de un fondo internacional millonario que financie el fomento de la democratización en Cuba, algo que ya los analistas más aguzados han calificado como un llamamiento oficial puesto que el discurso fue brindado en Washington y no en la Florida, donde se encuentra la mayor cantidad de refugiados cubanos.
Por otra parte debemos decir que quizá George W. Bush tenga información de primera mano acerca de la salud de Fidel Castro y que no ha compartido con el resto del mundo. Sólo así se explicaría el cambio repentino en la forma de referirse a los destinos cubanos, se respira un aire de gran confianza en las palabras de Bush, cualquiera pensaría que él conoce la hora exacta de la muerte de Fidel y que serviría de gatillo para disparar el nuevo plan norteamericano. Aunque por otra parte, un análisis menos apocalíptico nos indicaría que se trata de un discurso de rutina política enfocado en la obtención de votos de la comunidad cubano-estadounidense y sus nada despreciables millón de votos.
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